
De quien toma las decisiones de altura se espera sea no solo portador de una cierta amplitud de conocimientos, sino de conocimientos profundos para la dirección. En apariencia será justamente esa capacidad de ahondar en el justo equilibrio intuitivo-racional o material-espiritual en la toma de decisiones estratégicas, lo que le diferenciará en la acertada toma de decisiones para la construcción de un futuro posible, en organizaciones, empresas e Instituciones de todo tipo. Dicho equilibrio es el que hace más de dos mil años se plasmaba en las decisiones de sabios generales (strategos) provenientes de la tradición espiritual del taoismo del Este asiático y su constante esfuerzo por fomentar el equilibrio entre los aspectos materiales y espirituales de la humanidad.
En la escuela de oriente es El Camino (Tao) que permite el despliegue de la sabiduría ancestral en la vida en general y en el campo de batalla en particular, así como en la escuela de Occidente (Grecia particularmente) serán las condiciones de conocimiento (strategike episteme) y de riqueza del strategos (general de ejército y terrateniente) lo que se enlazará en el tiempo la strategike sophia o sabiduría del general (período greco bizantino 330 AC).
Desde la tradición oriental y occidental encontramos una persistente línea de acuerdo fundamental en que la tarea central del estratega (strategos o general de ejército) será concebir la estrategia y cuidar que su manifestación se exprese en acciones concretas con sentido de urgencia. No obstante, dicha tarea central u objeto de estudio, se condiciona inextricablemente en su ejercicio a las condiciones y cualidades personales de quien ejerce la función de estratega. Es por ello que es tan importante la persona y sus condiciones de equilibrio en la toma las decisiones: el equilibrio estratégico depende, en buena medida, del equilibrio del estratega.
Francisco Javier Garrido
Director General
Business School Universidad Mayor